26/11/13

Don Pasquale en Oviedo

26/11/13 0

"Don Pasquale", de crucero

La moda de los directores de escena de cambiar de tiempo y lugar las óperas clásicas

26.11.2013 | 01:52
"Don Pasquale", de crucero
"Don Pasquale", de crucero


Las obras maestras lo son porque en ellas se dan todas las circunstancias necesarias para ello. En ópera, fundamentalmente una gran inspiración musical con personajes perfectamente definidos. Y también una historia interesante dentro de un libreto teatralmente consistente. "Don Pasquale", del compositor bergamasco Gaetano Donizetti, es sin duda una de las obras maestras del mal llamado género "bufo", junto con "El barbero de Sevilla", de Rossini, y "L'Elisir d'amore", también de Donizetti. Pero lo es tal como la concibieron Donizetti y su libretista Giovanni Rufini.
Con las obras maestras de la literatura, como pueden ser "La Odisea", o "El Quijote", o "Ana Karenina" o "Cien años de soledad", no se cambia el tiempo de la historia narrada en función del siglo en que se lee. El autor en su día situó la acción donde le apeteció, y el lector, sea de la época que sea, lee la misma obra, la que escribió el autor, que permanece inalterada. El lector que prefiere leer literatura moderna acude a autores contemporáneos y no a los clásicos. Aunque los autores contemporáneos también escriben novelas ubicadas temporalmente en el pasado (la novela histórica, por ejemplo) o en el futuro (la llamada novela de ciencia ficción), por lo que el lector antes de comprar al autor contemporáneo deberá cerciorarse de que la novela transcurre en la época actual, si es eso lo que quiere. Hay, por supuesto, novelas basadas en mitos clásicos trasplantados a la época actual, pero el autor contemporáneo escribe una nueva novela, inspirada más o menos en la clásica, no se limita a cambiar cuatro cosas del original diciendo en el prólogo del libro que sucede en otra época.
Sigo sin entender por qué en la ópera no sucede lo mismo y los aficionados tenemos que tragar una representación sí y otra también las "genialidades" de los actuales directores de escena, que incluyen cambios de época y lugar sin ningún sentido que desvirtúan totalmente la obra de un autor de dos siglos atrás, usando su música y su libreto. Autor por el que de entrada no tienen ni el más mínimo respeto, convirtiendo además la mayoría de las veces su obra maestra en un producto vulgar, con el consentimiento culpable de directores artísticos y responsables de teatros o temporadas operísticas.
Eso pasó en el Campoamor con el "Don Pasquale" marinero, que transcurrió sin pena ni gloria, con cierto aburrimiento diría yo, a pesar de que los mimbres musicales eran de calidad más que suficiente para ofrecernos una buena velada, lo que propició que no faltaran los aplausos. Pero ni el excelente hacer de un intérprete de la talla de Carlos Chausson, ni el afortunado debut de Beatriz Díaz en un papel protagonista en el Campoamor, ni la buena línea de canto del tenor José Luis Sola ni las correctas contribuciones de orquesta y coro -éste cada vez más suelto escénicamente- lograron que la función se quitara de encima la losa de una escena en principio no demasiado rompedora. Pero incongruente e inadecuada para servir al espíritu y la letra de la obra de Donizetti, aunque se intentara disimular cambiando alguna que otra palabra del texto original.
El transatlántico más parecía un carguero o un buque de guerra que una embarcación de lujo. Eso sí, perfectamente equipado tipo Grandes Almacenes para poder comprar cualquier artículo para el hogar, incluidos carruajes y caballos, o cualquier tipo de ropa y complementos último modelo. - incluso con una agencia de colocación en plan Inem, pues por lo visto tampoco había dificultad para encontrar todo tipo de personal de servicio, que supongo iría alojado en camarotes como el de los Hermanos Marx en "Una noche en la ópera".
El color predominante del decorado tiñó de gris toda la función, en la que, según se puede leer en los mupis distribuidos por la ciudad, se cuenta "La historia del timo que arruinó la vida de un hombre". En absoluto esta frase sirve para resumir la ópera de Donizetti, ni tampoco el diseño del cartel es apropiado para dar una correcta imagen del espectáculo anunciado. Ni por supuesto la historia de Norina y Ernesto tiene nada que ver con las "Historias de Filadelfia", título mítico del cine norteamericano, con una de cuyas imágenes se ilustra el programa de mano para terminar de confundir al sufrido espectador.

8/4/12

Elecciones a la Asociación de Amigos de la Ópera

8/4/12 0

Ante las nuevas elecciones a la Asociación de Amigos de la Ópera

Reflexión sobre los comicios de la entidad musical

 

Ante las nuevas elecciones a la Asociación de Amigos de la Ópera
 
JOSÉ CARLOS GONZÁLEZ ABELEDO
  La Asociación Asturiana de Amigos de la Ópera (AAAO) se rige por la Ley Orgánica 1/2002, de 22 de marzo, que derogó la anterior ley de asociaciones 191/1964, de 24 de diciembre, vigente cuando se creó la AAAO. La nueva ley de 2002 obligó a modificar varios de los artículos de los primitivos estatutos de la asociación, creada en 1977 tras el abandono por parte del Ayuntamiento de Oviedo de la organización de las temporadas de ópera del teatro Campoamor desde la reinauguración del teatro en 1948.

Cuando se aprobaron los iniciales estatutos, se pensó en renovaciones parciales de la junta directiva, cada dos años, con el fin de procurar que no hubiera cambios bruscos en la gestión de las temporadas, que necesitan una planificación al menos a medio plazo. Al tener que modificarse los estatutos por imperativo de la nueva ley, se cambió el procedimiento de manera que se eligiera cada cuatro años la totalidad de la junta directiva, mediante la presentación de listas cerradas, lo cual es perfectamente defendible buscando que el grupo directivo tenga la necesaria cohesión y conocimientos para manejar los altos presupuestos que se manejaban ya entonces.

Quizá no se meditó lo suficiente, porque no había sucedido nunca, que pudiera haber dos o más candidaturas aspirantes; tampoco se valoró que el número de socios, tras el aumento de las funciones por título, se iba a ir a bastantes más de tres mil. El caso es que no se modificaron otros aspectos del sistema electoral, entre ellos el que dice que la votación se hará dentro de la preceptiva asamblea general de cada año como un punto más del orden del día.

En las elecciones anteriores, en el año 2008, se presentaron por primera vez dos candidaturas. Me cupo la satisfacción de liderar una de ellas. A pesar de acordar con la otra candidatura contar los votos delegados antes del día de las elecciones (nos llevó el día entero, en sesiones de mañana y tarde), el atasco que se produjo en la asamblea cuando dieron comienzo las votaciones fue monumental. El posterior escrutinio nos llevó a finalizar la jornada electoral cerca de la una de la madrugada. Si no hubiéramos contado los votos delegados antes, el escrutinio hubiera durado hasta las 10 de la mañana del día siguiente.

Si en algo después de aquella experiencia estuvimos de acuerdo ambas candidaturas es en que había que cambiar el sistema electoral buscando un sistema más operativo para todos, desligando las elecciones de la asamblea general ordinaria. La candidatura ganadora se comprometió a cambiar lo necesario en los estatutos para lograrlo, pero lamentablemente no lo ha hecho. Y eso a pesar de que en las asambleas de los años 2009, 2010 y 2011, se les recordó tal circunstancia. El cambio anunciado en la reciente circular convocando la asamblea y las elecciones, que permite votar desde que comienza el acto, creemos que no soluciona los problemas. Si hubiera dos o más candidaturas, habría que estar toda la noche con el escrutinio de los votos presenciales y el escrutinio y comprobación de los votos delegados. El anuncio hecho estos días por el presidente en funciones de contratar a una empresa para hacer el escrutinio, en mi opinión, aleja cada vez más el sistema electoral vigente en la AAAO de un proceso plenamente democrático, como corresponde a la época en que vivimos.

No hemos de olvidar que la ley 1/2002 dice claramente en el artículo 2.5 lo siguiente: «La organización interna y el funcionamiento de las asociaciones deben ser democráticos, con pleno respeto al pluralismo». A tenor de la experiencia de las pasadas elecciones no me parece que el procedimiento electoral vigente en la AAAO sea el más apropiado para que se respete el pluralismo y la democracia interna. Equiparar el voto delegado para la asamblea, práctica usual en las reuniones de todo tipo de instituciones, con voto delegado para votar en un proceso electoral no me parece lo más conveniente. Y da lugar a bastantes situaciones embarazosas tanto para los candidatos, al pedir la delegación, como para los propios socios. Sabemos de mucha gente que en las elecciones de hace cuatro años, estando más de acuerdo con los planteamientos de una candidatura, votó a la otra por puro compromiso. Y eso desvirtúa el verdadero sentir de los socios, que es lo que debe prevalecer para la elección del equipo que rija los destinos de la temporada de ópera ovetense.

Por todo lo dicho creo que deben separarse las elecciones de la asamblea general ordinaria. Las elecciones deben ser convocadas para otro día, con las urnas abiertas de 10 de la mañana a 8 de la noche en sitio adecuado, eliminar el voto delegado y sí, en cambio, permitir el voto por correo para los que en esa fecha no puedan acudir a votar. Como se hace en la mayoría de las entidades (clubes deportivos, asociaciones y colegios profesionales, etcétera) y en todas las elecciones políticas. Es un procedimiento que elimina todos los inconvenientes de operatividad que tiene el actual sistema de la AAAO, debido al considerable número de socios, superior al número de votantes de muchos ayuntamientos, y que garantiza la conveniente pluralidad y democracia interna.

Buscando lo mejor para la ópera, pedimos a la actual junta directiva que promueva y lidere los cambios necesarios en sus estatutos y que, una vez culminados, convoque nuevas elecciones. Bajo esas premisas, allí estaremos defendiendo nuestras ideas. Con el sistema actual, no.

26/2/12

Balance de la temporada

26/2/12 0

«La directiva no quiso cambiar los estatutos de la Ópera de Oviedo»

Presidente de la Asociación Lírica Alfredo Kraus. Hace balance de la última temporada en el Teatro Campoamor y de su labor en el colectivo
 
  Carlos Abeledo, junto al cartel del concierto homenaje a Alfredo Kraus. Pablo gómez
26/02/2012 00:00 /
José Carlos González Abeledo es el presidente de la Asociación Lírica Asturiana Alfredo Kraus y fue aspirante a presidir la Junta Directiva de la AAAO en las pasadas elecciones del año 2008. A la espera de que este año se celebren nuevos comicios, Carlos Abeledo rememora aquellas elecciones, hace balance de la última temporada ovetense y también nos habla de su labor al frente de la prestigiosa entidad lírica.
Este año habrá nuevas elecciones a la presidencia de la Ópera de Oviedo. Su actual presidente anunció en estas mismas páginas que se presentará a la reelección. Después de los buenos resultados obtenidos por usted y su equipo en la convocatoria anterior, ¿piensa volver a presentarse? En principio, no. En aquella ocasión muchos aficionados se dirigieron a mí para que lo hiciera pero, ahora, no percibo ese mismo interés. Además, mi esposa me ha pedido que no lo haga. Por ende, bastantes de nuestros votantes se han dado de baja de la Asociación viendo los derroteros por los que transcurre la programación. No obstante, como aficionado y socio de la AAAO, me gustaría que se presentase alguien que defendiese más o menos las mismas ideas que en su día defendimos nosotros. Si aparece esa persona tendrá mi apoyo y el de nuestro grupo. Por otra parte, tras las elecciones del 2008 hubo un acuerdo tácito entre ambas candidaturas para cambiar la normativa electoral, a todas luces inadecuada cuando hay en liza dos aspirantes. Este cambio es necesario, ya que busca que la elección sea lo más operativa, limpia y democrática posible. He de lamentar que el actual equipo de gobierno no haya procedido a efectuar el cambio de estatutos necesario para que ello sea así, a pesar de que en las sucesivas asambleas generales celebradas a partir del 2008 se dijera que se iba a hacer “para el año que viene”.
¿Falta democratizar más la institución? Más que democratizar, hay que hacer viables y sencillos los procedimientos. Hemos de ser conscientes de que los estatutos se hicieron durante la transición, en los albores de la democracia, en un momento en el que los socios con derecho a voto no llegaban al millar. Ahora hay más de tres mil socios. La Ley Orgánica 1/2002, de 22 de Marzo, que regula el derecho de asociación, hace hincapié en la necesidad de que el funcionamiento sea totalmente democrático. De hecho, hubo que reformar varios artículos de la AAAO para adecuarlos a la nueva normativa. E incluso se modificó lo estatuido acerca de la renovación parcial de la Junta cada dos años por la presentación cada cuatro de listas cerradas. Pero no se modificó el artículo que regula la manera de votar, ya que no se había dado nunca el caso de que hubiera alternativas fuera de las directivas en ejercicio. Es una asignatura pendiente.
En concreto, ¿qué es lo que propone usted? No es operativo que con más de tres mil socios con derecho a voto, las elecciones se diluciden como el último punto del orden del día de la asamblea general, y que por tanto se empiece a votar cerca de las diez de la noche. En las anteriores elecciones, a pesar de que se llegó al acuerdo de contar los votos delegados el día antes, hubo un enorme atasco para proceder a recoger los votos de los asistentes a la asamblea, en medio de un evidente malestar. Las elecciones deben convocarse para un día determinado, fuera de la asamblea. Un día en el que se abran las urnas a las 10 de la mañana y estén abiertas hasta las 8 de la tarde en un lugar determinado al efecto, dejando sin efecto las delegaciones de voto, pero permitiendo el voto por correo para los que no puedan acudir ese día a votar. Algo similar, por poner un ejemplo cercano, a como se procede en el caso del Centro Asturiano.
En las pasadas elecciones, la candidatura encabezada por Jaime Martínez se impuso a la suya por un escaso margen de poco más de doscientos votos de diferencia. ¿Cómo valora aquellos resultados desde la perspectiva de hoy? Dadas las circunstancias bajo las que nos presentamos, con todo en contra, conseguir casi el 46% de los votos indudablemente fue un éxito. Creo que fue decisiva para nuestra derrota las declaraciones en la prensa del entonces concejal de cultura diciendo que el Ayuntamiento de Oviedo, oficialmente, apoyaba a Jaime Martínez. Intervención en mi opinión fuera de lugar, pues era una clara injerencia en las elecciones de una asociación privada, como es la AAAO. Luego nos enteramos de que era cosa personal del concejal, que incluso llegó a “presionar amistosamente” a uno de los componentes iniciales de la candidatura, diputado autonómico del Partido Popular por entonces, para “evitarle posibles problemas” dentro del partido si se presentaba con nosotros. Aquello nos obligó “in extremis” a cambiar la candidatura y nos hizo mucho daño.
¿Cuáles fueron las claves de aquel resultado? Aparte de lo que acabo de exponer, fue también importante otro artículo en la prensa firmado por el crítico “oficial” de las funciones de ópera (y digo “oficial” por ser asalariado del más importante patrocinador de la temporada), en el que se daba a entender que la Consejería de Cultura del gobierno autonómico también apoyaba a nuestros oponentes. Cosa totalmente incierta, como fuentes autorizadas de la consejería me confirmaron personalmente. El supuesto apoyo se basada en unas declaraciones de la consejera de Cultura de meses atrás durante una comparecencia en el parlamento, en donde de manera genérica proclamaba el apoyo del Gobierno Autonómico a la ópera de Oviedo. La consejería no lo desmintió públicamente y el daño quedó hecho. Y, por último, fueron decisivos el uso indebido de los medios (oficina y personal) de la propia AAAO por parte de la otra candidatura, a pesar de haber firmado un protocolo en ese sentido entre ambas partes. Varios de los miembros de nuestra candidatura quisieron llevar el asunto al juzgado. Otros, pensando mas que nada en no hacer daño a la asociación, nos opusimos. Y acatamos el resultado. Pero, pasado el tiempo, no está de más que se diga, aunque solo sea para que si una nueva candidatura se presenta en las próximas elecciones, sepa a lo que se enfrenta. Yo, por mi parte, recuerdo con orgullo el inmenso trabajo de captación de votos delegados desarrollado por muchos simpatizantes, y el ímprobo esfuerzo de casi todos los componentes de nuestra candidatura.
¿Considera que el Campoamor cuenta con un público ‘entendido’ o cree que esta afirmación no es cierta? Hoy el público del Campoamor es igual que el de otros muchos teatros y no es ni más ni menos “entendido” que el de la mayoría de los sitios. Una gran parte es nuevo en esto de la ópera, y por tanto le faltan referencias para poder juzgar. Además lo que estamos viendo en los últimos años no ayuda para nada a su formación. Es inadmisible que obras que se ponen por primera vez en Oviedo no sean presentadas tal como las concibió su autor. Por ejemplo el Murciélago que hemos visto esta temporada tiene poco que ver con la obra de Johann Strauss. Allí donde el autor puso elegancia, refinado erotismo y fina ironía - reflejando las costumbres de la alta sociedad vienesa de la época- aquí solo hemos visto vulgaridad y chabacanería sin cuento.
¿Cuál es su valoración de la pasada temporada de la Ópera de Oviedo? La programación en cuanto a títulos era muy correcta, en la línea de lo que nosotros propugnábamos. Pero salvo en las dos últimas óperas no se acertó ni con los cantantes (en las tres) ni con las puestas en escena (en El Murciélago y en La Flauta Mágica ). Aún así el resultado global me parece algo mejor que el de las últimas temporadas.
¿Y de lo anunciado para la próxima temporada? Los títulos me parecen muy interesantes pero, como siempre, el resultado dependerá de los artistas contratados. Si los esfuerzos de los responsables se siguen dirigiendo a presentar producciones sin sentido, descuidando los elencos, de poco valdrá que los títulos sean atractivos. Una verdad tan incontestable y de tanto sentido común como que lo importante en la ópera es la música, hoy no está de moda. Pero, a pesar de la preponderancia de lo escénico sobre lo musical, se siguen haciendo representaciones en versión concierto en todo el mundo. Y no conozco ni un solo caso en que se represente la ópera sin música, sólo con el texto, como una función teatral. Como decía el malogrado Paco Izquierdo, las representaciones de ópera pueden disfrutarlas los invidentes, pero no los sordos.
Este año estaba previsto realizar por motivos presupuestarios una función en concierto de ‘Norma’ de Bellini, un título que acabó siendo el mejor de la temporada, a pesar de haberse ofrecido en lo que la propia entidad denominó “semiescenificación”.
Es curioso lo del término “semiescenificada”. Quisiera saber qué diferencia hubo en lo escénico respecto a El Trovador del año pasado, que fue un auténtico bodrio y a la que se le dio un tremendo “bombo”. Para mí ninguna, salvo en los resultados, ya que la Norma fue espléndida, y El Trovador no, y el coste, que seguro fue muy superior el de El Trovador . Quizás por eso, por el escaso coste, los responsables hablen de “semiescenificada”, lo cual es sintomático. En mi opinión, Norma fue una representación plenamente escenificada, con detalles logradísimos y un buen gusto general a pesar de los pocos medios disponibles. Y que contó con cantantes de primera (superiores las féminas a los varones), una aceptable dirección musical y una buena contribución del coro.
La Norma de este año es la prueba más clara del acierto de las teorías que nosotros defendíamos.
En las encuestas de final de temporada, usted suele ser de los más exigentes ¿Tan malas son en su opinión las temporadas ovetenses? No, en absoluto. Creo que la puntuación que se nos pide -de una a cinco estrellas- da poco juego para los matices. Y además no está claro con qué debemos de comparar las funciones que vemos en Oviedo. ¿Con las que se ven hoy en el resto del mundo? ¿Con las que se vieron en las temporadas del Campoamor desde el año 1948? Yo he optado por puntuarlas comparándolas con las que se ven en todos los sitios, no solo ahora, sino desde mediados del siglo pasado. Y he de decirle que he visto a lo largo de mi vida unas 700 representaciones, tanto en Oviedo como en el resto de España y en el extranjero. Y que para contar las funciones a las que les he puesto cuatro estrellas me sobran los dedos de una mano. Poner cinco, para mí implicaría que todo (papeles protagonistas, secundarios, director musical, orquesta, coros y escenografía) fuera perfecto, lo que resulta casi imposible. En el caso de la Norma de este año, por ejemplo, a la que le he puesto tres estrellas, para poder ponerle en conciencia cuatro, tendría que haber habido un Pollione y sobre todo un Oroveso a la altura de la Norma y de Adalgisa. Y eso como mínimo, pues tampoco la dirección musical fue excelsa. La verdad es que procuro ser serio y honesto en mis opiniones, no “político”. Otras personas ponen cinco estrellas a todas las funciones. Son distintas maneras de enfocar la cuestión.
¿Cuál es su secreto para que la Asociación Alfredo Kraus consiga atraer a artistas tan prestigiosos como Celso Albelo, Aquiles Machado, Ana Mª Sánchez o Leo Nucci? Son dos bien sencillos: el primero querer traerlos, y el segundo tratarles como se merecen. También, todo hay que decirlo, es relativamente fácil que acepten venir para homenajear a Kraus, un cantante respetadísimo por la mayoría de sus colegas.
Haga balance de lo conseguido al frente de esta institución.
Creo honestamente que colaboramos a que se siga recordando con respeto y admiración a la gran figura que fue Alfredo Kraus. En ese sentido, aparte del concierto homenaje que todos los años le organizamos, estoy especialmente orgulloso de las jornadas que se le dedicaron en Los Cursos de La Granda con motivo del décimo aniversario de su fallecimiento, y de la edición del libro publicado el año pasado con el título Alfredo Kraus. Una concepción del canto , cuyo autor fue el prestigioso crítico Arturo Reverter. Por otra parte me llena de orgullo el poder decir que, a pesar de la crisis, contamos con más de 400 socios. También me satisface la modesta ayuda que podemos proporcionar a los cantantes que empiezan en este cada vez más difícil mundo de la lírica.

16/12/11

Norma en las tertulias de LNE

16/12/11 0

2/2/11

Leo Nucci y celso Albelo en concierto

2/2/11 0
La Voz de Asturias /

El barítono italiano Leo Nucci, un auténtico mito viviente del mundo de la ópera, y el tenor español Celso Albelo, una de las voces más prometedoras del actual contexto lírico internacional, unirán sus voces en el Auditorio de Oviedo, el próximo día 26 de noviembre, con motivo del IX Concierto Homenaje a Alfredo Kraus , una ocasión artística de auténtico lujo que, a buen seguro, acercará a público de toda España hasta la capital del Principado.

Nucci y Albelo ya habían coincidido en el Teatro Campoamor el pasado mes de enero, cuando participaron en la Gala de Entrega de los Premios Líricos Teatro Campoamor, recogiendo dos de los principales galardones -Nucci como cantante masculino de ópera y Albelo como cantante revelación-, y cantando algunos fragmentos líricos que les convirtieron en las principales estrellas de la noche.

Su presencia en la gala supuso un gran ocasión para que Carlos Abeledo, presidente de la Asociación Lírica Asturiana Alfredo Kraus, se entrevistase con los artistas con la intención de dar un fuerte impulso a las negociaciones que ya habían comenzado el pasado mes de febrero, y que fructificaron en el pasado lunes con un acuerdo que permitirá a los cantantes ofrecer un concierto unidos bajo el nexo común de su respeto y admiración por el gran tenor canario: Nucci de manera directa, al haber mantenido con Kraus una gran amistad y haber trabajado junto a él en numerosas ocasiones; y Albelo por la admiración que siempre ha mantenido por un artista con quien mantiene muchos puntos en común.

La asociación es una entidad reconocida en toda España por la calidad y cantidad de iniciativas que organiza anualmente, a pesar de no contar con una infraestructura económica a la altura de las actividades programadas, como explica su principal responsable.

“Hace unos meses presentamos el libro Alfredo Kraus, una concepción del canto , que encargamos en su día al reputado crítico Arturo Reverter y que se está vendiendo muy bien en toda España. El pasado noviembre hicimos el VIII Concierto Homenaje a Alfredo Kraus, que estuvo protagonizado por el propio Albelo y la soprano Milagros Poblador. Dentro de otra serie de actividades, el año pasado organizamos nueve viajes a algunos de los más importantes teatros de ópera del mundo, pero la oportunidad de ver a Celso Albelo y Leo Nucci cantar juntos supone un gran éxito artístico para una entidad como la nuestra, que cuenta con 412 socios”, relata Abeledo.

“En principio está previsto que estén acompañados de un pianista, todavía sin concretar”, indica el presidente de la asociación lírica asturiana, que ha vuelto a ser elegido presidente en la asamblea general extraordinaria celebrada el pasado lunes en Oviedo: “Para nosotros supone un gran orgullo poder contar con Leo Nucci, un artista cuya impresionante trayectoria le ha situado por encima del bien y del mal, hasta el punto de haberse atrevido a afirmar lo que muchos cantantes piensan y no se atreven a decir acerca de varias de las cuestiones que hoy están perjudicando profundamente al mundo de la ópera, como es el excesivo protagonismo de los directores de escena, cuyas disparatadas propuestas artísticas, en aras de una pretendida modernización del género, lo único que consiguen es perjudicar a la música, confundiendo a una gran parte de los nuevos aficionados”, sentencia.

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1/2/11

Tristan e isolda en las Tertulias de La Nueva España

1/2/11 0



15/12/10

L'elisir d'amore en Las Tertulias de LNE

15/12/10 0



23/11/10

Katia Kabanová en las tertulias de La Nueva España

23/11/10 0

30/8/10

Una «Traviata» con mantas

30/8/10 0

Los mismos mimbres en un teatro y no al aire libre, con una pésima amplificación, hubieran posibilitado una representación más que digna


Por la izquierda, Svetla Krasteva y Enrique Ferrer levantan la copa del brindis durante la representación de «La Traviata».
Por la izquierda, Svetla Krasteva y Enrique Ferrer levantan la copa del brindis durante la representación de «La Traviata». marcos león

CARLOS GONZÁLEZ ABELEDO
En el cuarto acto (tercero en el libreto original) de esta popular ópera verdiana representada en la noche del pasado sábado en el magnífico patio de la Universidad Laboral, la protagonista se introduce en su cama cubierta con una manta roja. Hacía ya tiempo que los espectadores se habían enfundado en las mantas también rojas que la organización había puesto a disposición de los espectadores en previsión de una meteorología mas fría de lo esperado. Quizás por eso el respetable no se molestó en sacar las manos de debajo de las mantas para aplaudir un «Addio del passato» que quizás haya sido lo mejor de la representación, dominada por un desapacible viento que hizo insufrible la velada. Nada por otra parte que no se pudiese prever en un clima como el asturiano a últimos de agosto.

Frío pues en las butacas y también sobre el escenario, aunque, es de justicia decirlo, en éste debido a las características técnicas del lugar y a la manera de hacer posible la audición, mas que a la calidad de los artistas y músicos intervinientes. Que la ópera es un espectáculo concebido para oír en un teatro es cosa sabida. Que la amplificación electrónica está reñida con la ópera también. Que, excepcionalmente, si no hay un teatro disponible, se pueda dar una ópera en un escenario al aire libre usando amplificación, podría ser admitido. Que se represente en un patio, por muy emblemático que éste sea, en uno de cuyos laterales se ubica un magnífico teatro, en cuya remodelación se acaban de gastar 17 millones de euros, 6 de los cuales se han empleado en dotarle de una caja escénica con todos los adelantos técnicos necesarios para poder representar cualquier espectáculo operístico, no se entiende.

Mas o menos mil personas calculan los organizadores que asistieron al espectáculo, que por cierto empezó mas de diez minutos tarde. En el Teatro de la antigua Universidad Laboral, ahora simplemente Laboral -no sabemos si para ahorrar palabras o por algún otro motivo mas o menos inconfesable- caben perfecta y cómodamente sentadas 1.400 personas. El sábado se abrieron las puertas del teatro para permitir a los asistentes ir al baño. Caros aseos nos han salido.

La por otra parte pésima amplificación, llena de interferencias, ruidos y desajustes, impide hacer un análisis mínimamente serio de los aspectos musicales de la velada. El único micrófono que funcionó correctamente fue el de la soprano Svetla Krasteva, la cual estuvo más que correcta en el dificilísimo papel de Violeta. De los demás no podemos decir nada, incluyendo coro y orquesta. Lamentable la amplificación de Enrique Ferrer y mas lamentable todavía la de Luis Cansino. Algo mejor la de Milagros Martín, que estuvo sobrada como Flora y menos bien la del poleso Juan Noval, lo que le impidió lucir su bella voz, aunque cumplió sobradamente como Gastone.

Sencilla y, lo cual hoy es de agradecer, acorde con el libreto, la escenografía, que resaltaban dos pantallas gigantes colocadas a ambos lados del escenario. Pero los subtítulos no se veían. La experiencia de muchos años de espectador me permite aventurar que los mismos mimbres, en un teatro, hubiesen posibilitado el ver y oír una, sino sobresaliente, sí digna Traviata, lo cual no es poco, dada la dificultad de la obra. Si lo del sábado sirve como escarmiento y los responsables se olvidan del patio de La Universidad Laboral como lugar para ofrecer representaciones operísticas, daremos por bueno el frío que pasamos, a pesar de las mantas.

Publicado en La Nueva España, 30 de agosto de 2010

27/7/10

Nucci y Albelo

27/7/10 0
El acierto de la quinta edición de los premios líricos «Teatro Campoamor»

De izquierda a derecha, Adriana Anelli, Celso Albelo, José Carlos González Abeledo y Leo Nucci.

JOSÉ CARLOS GONZÁLEZ ABELEDO
PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN ALFREDO KRAUS

Me he llevado una gran alegría al leer el fallo del jurado de la quinta edición de los premios líricos «Teatro Campoamor». No siempre ha sido así, al parecerme varios de los premios concedidos en anteriores ediciones totalmente desafortunados. Tampoco en ésta me satisfacen todos, pero hay dos que me parecen especialmente justos: los de mejor cantante revelación, Celso Albelo, y mejor cantante masculino de ópera, Leo Nucci.

Tuve la fortuna el año pasado de asistir a la segunda función de «Los Puritanos» en La Coruña, protagonizada, entre otros, por un espectacular Celso Albelo que se atrevió a dar el fa sobreagudo escrito por Bellini para el tenor que estrenó la ópera: el legendario Giovanni Battista Rubini, el cual daba la nota en falsete como era costumbre en la época atacar los sobreagudos. Dicha nota, inserta en la escena final de la ópera cuando el tenor dice «Ella è spirante», no tenemos constancia de que ninguno la haya dado «en voz» en un escenario. El mismo Kraus, que pasa por ser uno de los mejores Arturos del siglo, nunca lo intentó, cambiándola por un re bemol sobreagudo, nota quizá más musical que la escrita por Bellini, y que el tenor canario daba a plena voz.

Albelo, en las representaciones por las que le han dado el premio al mejor cantante revelación, dio el fa a plena voz. Pero lo del fa fue lo de menos. La exhibición de canto que dio en aquella función fue lo más impresionante que yo nunca oí sobre un escenario. Varios de los que me acompañaban en aquella ocasión opinaron igual. Me alegra que el jurado de los premios lo vea de la misma manera y distinga a un tenor que, si no se tuerce, está llamado a hacer historia.

Celso Albelo protagonizará, acompañado por la soprano Milagros Poblador, el concierto homenaje a Kraus que la Asociación Lírica Asturiana Alfredo Kraus celebra anualmente. Será el 30 de noviembre, en el auditorio Príncipe Felipe. Nos satisface enormemente ofrecer la oportunidad a los aficionados asturianos de disfrutarlo sobre un escenario, tras cancelar por una inoportuna lumbalgia su participación en el «Don Juan» de la pasada temporada de ópera como Don Octavio.

Me alegra también enormemente el premio concedido al barítono Leo Nucci como mejor cantante masculino de ópera. Nucci, que ha conocido el triunfo en su etapa de madurez, tenía en principio una voz de escaso cuerpo, con un timbre no especialmente grato. Con los años la voz le ensanchó en el centro y con inteligencia y profesionalidad se ha hecho imbatible como barítono verdiano, con afortunadas incursiones en el repertorio verista. Su interpretación del papel de Rigoletto en el Real en junio del año pasado, de gran alcance mediático por la polémica que mantuvo -y ganó- con la directora de escena y por protagonizar el primer bis de la historia reciente del Real («La vendetta»), es lo que le ha hecho merecedor del premio. Tuve la oportunidad de conocerle personalmente el pasado mes de febrero en Zurich, a él y a su mujer, la soprano Adriana Anelli, que cantó en Oviedo en 1984 la ópera «Il Campanello». Prometió considerar venir a protagonizar nuestro concierto del año 2011. Si así fuera, nos sentiremos nuevamente orgullosos de que los aficionados puedan aplaudir a una leyenda viva del canto, posibilitando su vuelta a la ciudad donde cantó, en sus comienzos, un Belcore allá por el año 1977.

(La Nueva España, 27 de julio de 2010)

27/2/10

Otra temporada desilusionante

27/2/10 0

Casi lejanos ya los ecos de la LXII Temporada de ópera ovetense, quizás convenga recapitular acerca de lo que hemos visto y oído a lo largo de la misma, con una programación marcada por algunas bajas notables, pero en mi opinión menos trascendentes de lo que se suponía. Así, en Simón Boccanegra hemos visto una notable representación en lo musical, con un excelente Marco di Felice (Simón), una mas que correcta Angeles Blancas (Amelia) a la que un inoportuno proceso gripal le impidió redondear vocalmente su gran labor como actriz, un notable Vitalij Kowaljow (Fiesco) y un insuficiente Giuseppe Gipali que, si bien canta estupendamente, carece del timbre y volumen necesarios para el papel de Adorno (lo cual ya se debía saber tras el Ricardo de la temporada pasada). En cuanto a la escena no tuvo ningún interés y sí algún notorio desacierto, como el chillón colorido de las paredes y los ridículos y sonoros giros de la estructura central. En cualquier caso, obviando la escena, y ateniéndonos a lo musical, lejos para mi de las demoledoras críticas recibidas por la primera función. No creo que Carlos Alvarez hubiera elevado el nivel de las representaciones, pero o bien él, o bien la Asociación, no se han portado bien con el aficionado. Si, como anunciaron los responsables de la temporada, había cancelado por problemas de salud, no se entiende que estuviera en Roma cantando en las mismas fechas. Si, por el contrario, tras su operación de garganta y ante la dificultad vocal del Simón, hubiera solicitado la anulación del contrato, y la Asociación hubiera consentido en función de las buenas relaciones existentes y comprendiendo las circunstancias por las que atravesaba el artista, esta debiera de haberlo dicho claramente. Y no hubiera pasado nada. Los aficionados saben que no es lo mismo cantar el Simón Boccanegra que el Ford de Falstaff.

En Ariodante hemos asistido a una mas que notable versión musical, muy equilibrada en voces, con actuaciones sobresalientes de Verónica Cangemi (Ginevra) y Alice Coote (Ariodante), buena labor orquestal y unas escenografía y dirección escénica que si bien eran estéticamente brillantes, sobre todo en el primer acto, no tenían mucho que ver con el libreto de la ópera. Desde luego quién viendo la función haya entendido la historia a la que Haendel puso música es persona digna de admiración. Como considero que el director de escena es un intérprete mas de la obra -obra que tiene su legítima autoría- y no siguió para nada lo que el autor escribió, en mi opinión la función no fue merecedora de los tremendos elogios con que fue acogida. Como en tantas ocasiones el regista no sirvió a la ópera, sino que se sirvió de ella. A destacar la contratación de un maestro de esgrima para enseñar a los cantantes a batirse. Cosa que por cierto hicieron bastante mal a pesar de las enseñanzas del experto. Dinero, por tanto, gastado inútilmente.

El D. Juan situado en el ecuador de la temporada también tuvo una notable altura musical, funcionando el reparto, sino de manera totalmente homogénea, sí con la suficiente entidad, exigible a una temporada con pretensiones. A destacar el Leporello de Simón Orfila, la Donna Ana de Cinzia Forte y la Zerlina de Ainhoa Garmendia. Sorpresa agradable la del tenor Antonio Lozano como Don Octavio, que sustituía al inicialmente previsto Celso Albelo. Y elementos escénicos en plan “moderno” que fueron soportables, pero que en mas de una ocasión se apartaban de la intención de Mozart. El caso mas fragante fue la escena entre Zerlina y Musetto del segundo acto, en la que, tras la paliza recibida por el aldeano a manos de D. Juan, el afamado Alfred Kirchner cuelga a Musetto de un garfio y Zerlina se dedica a columpiarlo. Acción que fue recibida por el público con notorio alborozo, pero que despojó al relato de la sutil y elegante sensualidad que la escena lleva implícita tanto en el texto como en la música.

La mala suerte de la indisposición del tenor Roberto Arónica, lastró las representaciones de Tosca, quizás en conjunto las mas flojas de la temporada. Ni la solo discreta Hasmik Papian, ni los sucesivos tenores (mejor Ferrero que Roy) que fueron interpretando al pintor Cavaradossi, dieron el nivel exigido para una ópera de estas características, en las que quedó como única referencia el Scarpia de un quizás demasiado maduro Joan Pons. La genialidad del director de escena de trasladar la acción a los momentos previos a la segunda guerra mundial, propiciaron entre otros el chocante momento de oír a Cavaradossi celebrar la victoria de Napoleón Bonaparte ante Melás en presencia de un retrato de Mussolini. Retrato que terminó encima del cadáver de Scarpia sustituyendo al consabido crucifijo.

No es Ariadne auf Naxos la ópera que yo hubiera programado para este curso intensivo del repertorio de Richard Strauss en el que llevamos inmersos estos últimos años. Me parece que para el conocimiento de un compositor hay que empezar por sus óperas más famosas. Y tras Salomé y Elektra yo creo que tocaba El caballero de la rosa. Pero claro, Ariadne permite mas libertad de “creación” al director de escena, que parece ser que es de lo que se trata. Bastante correcta en lo musical la ópera que estrenó la temporada, la escena y su director, el inefable Philippe Arlaud, fue solo soportable, aunque eso sí, con cambio de época incluido. Lo peor, las declaraciones del mencionado Arlaud, que dijo que en materia de cantantes él lo tenía muy claro: al que no hacía lo que el decía, lo echaba sin más. Y no pasó nada.

Tremenda dictadura a la que los aficionados a la ópera estamos sometidos, desgraciadamente en casi todo el mundo. Pero que esto pase en Oviedo, ciudad a la que se le supone una tradición operística contrastada, es lamentable. Ese es el norte que guía la programación de los últimos años. Y los aficionados veteranos borrándose o intentando vender las entradas de la mayoría de las óperas. Si los responsables de la temporada, en vez de preocuparse tanto de los directores de escena -y de los maestros de esgrima- se hubieran preocupado de traer a una soprano para Tosca de primera línea, y un tenor para Adorno de garantías, de seguro se hubiera contentado a mucha mas gente. Y se hubiera redondeado, al menos musicalmente, una temporada quizás excesivamente dramática, que no nos dejó ni un momento verdaderamente ilusionante que recordar.


José Carlos González Abeledo

9/2/10

El poder de la crítica

9/2/10 2
Por distintos motivos no pude asistir a la primera función de las dos últimas óperas de la temporada que hoy finaliza, aunque si tuve la oportunidad de asistir a la segunda de ambas. Si hemos de hacer caso de la crítica he de lamentar el no haber visto la primera función de Ariodante y por el contrario alegrarme de no haber visto la de Simon Boccanegra. Lo que yo he visto y oído en la segunda representación de las dos óperas no se parece del todo a lo que debieron ver y oír los asistentes a la primera. Me explico.

En Ariodante he asistido a una mas que notable versión musical, muy equilibrada en voces, con actuaciones sobresalientes de Rebecca Evans (Ginevra) y Alice Coote (Ariodante), buena labor orquestal y unos elementos escénicos que si bien eran estéticamente brillantes, sobre todo en el primer acto, no tenían mucho que ver con el libreto de la ópera. En mi opinión, por tanto, aún siendo quizás la mas redonda de la temporada, no merecedora de los tremendos elogios que suscitó. A destacar, en cuanto a asistencia de público, que estaba sin cubrir un tercio del anfiteatro y la mitad de los palcos de principal, observándose abundantes claros en el resto de localidades, incluido el patio de butacas.

En Simón Boccanegra también he visto una notable representación en lo musical, con un excelente Marco di Felice (Simón), una mas que correcta Angeles Blancas (Amelia) a la que un proceso catarral le impidió redondear vocalmente su gran labor como actriz, un notable Vitalij Kowaljow (Fiesco) y un insuficiente Giuseppe Gipali. En cuanto a la escena, si bien no se apartó del libreto, en general no tuvo ningún interés y sí algún notorio desacierto, como los ridículos y sonoros giros de la estructura central que dominó el escenario durante el Prólogo y el primer y segundo actos. Aún siendo malos los elementos escénicos, seguro que confundieron menos al espectador, en orden a seguir la historia que se cuenta, que la brillante escenografía del Ariodante. En cualquier caso, ateniéndonos a lo musical, lejos para mi de las demoledoras críticas recibidas por la primera función de Simón Boccanegra. Y merecedora de mas aplausos que los recibidos por un público que, influenciado por las críticas que ese mismo día había leído, tardó un poco en aceptar que aquello no era tan malo como se había dicho y en empezar a aplaudir.

La cuestión es ¿hubo realmente diferencia en ambas óperas entre la primera y la segunda función, o se ha equivocado la crítica y parte de los aficionados? ¿O me equivoco yo y otros muchos con los que he comentado el hecho y que opinan lo mismo que yo? Posiblemente haya un poco de todo. Es decir que efectivamente haya habido diferencias, pero también errores de apreciación, si es que cabe hablar de errores al juzgar una manifestación cultural con un alto e inevitable componente de subjetividad. Por lo que he podido indagar, hablando con unos y con otros, en la primera representación del Simón Angeles Blancas estuvo peor que en la segunda. Lógico pues el proceso catarral había mejorado. De hecho en la tercera, que también vi, estuvo aún mejor, habiendo desaparecido casi el inoportuno catarro. La triunfadora de la primera función de Ariodante, Alice Coote, tuvo algún pequeño problema en la segunda. En cambio Rebecca Evans estuvo impecable. En la primera función parece ser que fue al revés.

En cualquier caso lo que es evidente es el tremendo poder de la crítica y su influencia sobre el respetable. Lo que fue mas patente aún en la tercera función de Simón, en la que el público, menos veterano que el de la segunda, estuvo injustamente gélido hasta terminar el primer acto. Luego, el buen hacer de solistas, coro y orquesta terminó rompiendo el hielo. Por cierto, luego de haber visto dos funciones del Simón, no estoy de acuerdo con la apreciación de que el bajo fue superior a todos. La mejor prestación para mi fue la del barítono. El hecho de que era la primera vez que cantaba el papel del corsario genovés me hace pensar que con el tiempo lo mejorará aún, sobre todo en algunos aspectos interpretativos no totalmente logrados, fundamentalmente del prólogo.

Considero fundamental la labor de la crítica. Por ello lo primero que debe ser es honesta. El hecho de luchar por que Oviedo tenga una temporada cada vez mejor, lo cual es loable en sí, no debe dar lugar a exageraciones en los halagos y parabienes tanto a artistas como a organizadores, como viene sucediendo en nuestra ciudad desde hace unos cuantos años. Porque si bien eso ayuda a que suene la temporada de Oviedo a nivel nacional, siendo un reclamo efectivo para la obtención de subvenciones, el exceso confunde al espectador y eso es un engaño inaceptable. Igualmente también se debe huir de la crítica injusta, como fue en mi opinión la de Simón Boccanegra.


Por José Carlos González Abeledo

27/1/10

Simon Boccanegra

27/1/10 0
Las Tertulias de La Nueva España entorno a Simon Boccanegra, la última obra de la temporada.

16/12/09

Ariodante

16/12/09 0
La ópera Ariodante en las Tertulias de LNE.

9/12/09

Kraus y la Cocina Económica

9/12/09 0


José Carlos González Abeledo
Presidente de la Asociación Lírica Asturiana Alfredo Kraus


En mis siete años como Presidente de la Asociación Lírica Asturiana Alfredo Kraus pocas satisfacciones he tenido, por no decir ninguna, mayores que la que el miércoles pasado viví al entregar a Sor Blanca, superiora de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, en presencia de Jaime Rojo, presidente de la Asociación Benéfica Cocina Económica de Oviedo, de varios de sus directivos, y de José Suárez Arias-Cachero, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo, el cheque que llevaba escrita la cifra correspondiente al taquillaje del concierto homenaje a Alfredo Kraus, celebrado el pasado 7 de noviembre en el Auditorio Príncipe Felipe.

La Cocina Económica de Oviedo es una entidad benéfica ejemplar con la que colaboran muchas personas, empresas e instituciones, y en la que se percibe por tanto de manera singular lo que es la solidaridad humana. Sus instalaciones, en un alarde de buena gestiónpor parte de los miembros de su Junta Directiva, están renovándose y modernizándose de manera notable en los últimos años,a pesar del esfuerzo económico que ello supone al coincidiren el tiempo con una utilización de sus comedores que casi duplicaráen este año la que había en el 2007, consecuencia de la crisis económica que afecta al país.

La labor de las Hijas de la Caridad, que rigen la institución desde su fundación,es modélica,y la de sus directivos de un altruismo y generosidad dignos de todo elogio. A mi me producen una sana envidia pues entiendo que sus fines son de una altura de miras muy superior a la de los que, como nosotros, nos movemos dentro del ámbito cultural, en el fondo disfrutando deuna manera u otra de nuestras aficiones. Aunque comoen nuestro caso seahonrando la memoria de un artista de la categoría de Alfredo Kraus, al que recordamos de manera singular al cumplirse los diez años de su muerte.Estoy seguro que, allá donde esté, también él sentirá la mismasatisfacción que sentimos nosotros al ver que con su homenaje contribuimos al mantenimiento de la gran labor social que la Cocina Económica dispensa.

Creo también que no estaría de mas resaltar la desinteresada colaboración de los artistas que participaron en el concierto, y de todas las empresas e instituciones, entre las que encuentra este diario, que con su patrocinio y colaboración lo han hecho posible. Igualmente debo dar las gracias al público que masivamente asistió al concierto posibilitando con el dinero de su entrada alcanzar los objetivos previstos.Únicamente hemos de lamentaren todo este asunto la actitud de la Fundación Ópera de Oviedo, al no dar permiso a dos cantantes pertenecientes al elenco del reciente D. Giovanni para participar en el concierto,anteponiendo a la nobleza de los fines perseguidos temas personales de difícil justificación. Al lado de tantos comportamientos ejemplares, por parte de tantas personas e instituciones, la cortedad de miras de los responsables de la Ópera de Oviedo es, siento tener que decirlo,sencillamente lamentable.

26/11/09

Don Giovanni

26/11/09 0
Las tertulias de La Nueva España en torno a Don Giovanni

14/10/09

Tosca

14/10/09 0
La Tertulia de La Nueva España en torno a Tosca

18/9/09

Tertulia en torno a Ariadna en Naxos

18/9/09 0
Las tertulias de ópera en La Nueva España en torno a Ariadna en Naxos, con la participación de Gerardo Herrero.

15/9/09

Ariadne bufa

15/9/09 0
Crítica sobre la "Ariadne auf Naxos" en La Voz de Asturias.
http://www.lavozdeasturias.es/noticias/noticia.asp?pkid=514956

AURELIO M. SECO
Ariadne auf Naxos inauguró la temporada de ópera del Campoamor con una versión escénica atractiva de ver pero un tanto equivocada en su concepto, una correcta dirección musical de Sachio Fujioka y un elenco de intérpretes que obtuvo resultados artísticos bastante dispares, dentro de un buen nivel lírico general. Para la producción se quiso contar con Philippe Arlaud, que fue el encargado de la iluminación, escenografía, vestuario, dirección de escena e incluso de interpretar a el Mayordomo. Entre lo positivo está la escenografía, que vistió bien la producción, sin grandes alardes. Las dos grandes piezas arquitectónicas presentes durante toda la noche parecían estar pensadas según la dramaturgia de la ópera, con unas formas que, aunque adecuadas para encajar, no terminaron de hacerlo nunca, como lo culto y lo superficial, lo mítico y lo real, lo dramático y lo cómico. La estética fue abstracta, alejada del palacio que el hombre más rico de Viena tendría en el siglo XVIII, y un poco surrealista, aunque sólo sea por las butacas clavadas en las paredes y una estética que podría recordar a Dalí, por los labios al estilo de los de Mae West. Lo más atractivo llegó al final, con una especie de lluvia de labios que parecían proteger el recién nacido amor entre los protagonistas, justo en el momento en el que más apetecía contemplarlo. Pero lo que no gustó fue el concepto del director, que optó por convertir una obra simbólica e irónica en una bufonada llena de algunas cosas fuera de lugar. En su versión, el drama y la comedia no logran coexistir, sino que lo bufo lo contagia todo. Esto restó profundidad a los aspectos más dramáticos y simbólicos del argumento. Con esta ópera, Strauss y Hofmannsthal muestran que hay tanta verdad en el mito como mentira en la realidad, y denuncian las incoherencias y caprichos de los mecenas. Pero Arlaud se olvida de lo dramático y de otras muchas cosas. Sin venir a cuento, la obra comienza con una bofetada entre dos protagonistas, más tarde vemos a un profesor de música más parecido a Juan Tamariz que a lo que en la ópera representa el personaje; luego introduce unos cuantos gestos lascivos sin necesidad --en una historia que en absoluto los necesita ni va de eso-- quizás para hacer reír más, cuando tampoco es una ópera ideada para resultar graciosa. Llevado por una inusual energía, convierte las situaciones en tal cantidad de acciones a la vez y una tras otra, que se lía todo demasiado. Hay un continuo movimiento nervioso, contagioso y exagerado, que influye negativamente en las interpretaciones. Al final del prólogo observamos que al Compositor le da un ataque al corazón, cosa inventada que no era necesaria, y mucho menos que acto seguido se presentase un bombero. La sutil gracia de Zerbinetta y su coquetería la convierte Arlaud en otra cosa, pretendidamente graciosa y mucho más carnal. Introduce a todo un grupo de fornidos bomberos, que también podrían ser albañiles o ingenieros, porque no están en el libreto, y pone a la pobre Zerbinetta a tocarles su manguera, literalmente, exagerando otra vez su condición. Como parte del público no se conoce la ópera ni entiende alemán, pasa por alto aspectos como que, cuando Ariadna habla del bastón de Baco éste no lo tiene, o que haya desaparecido la cueva en la que se debería hallar Ariadne, y hace el juego fácil de emborrachar a varios comediantes, por lo de Baco. Algunos directores de escena deberían tomar ejemplo de lo que dejó escrito Schumann a sus alumnos: "Toca siempre como si un gran maestro te estuviese viendo". Al trabajo de Arlaud habría que ponerle al lado a Hofmannsthal y al propio Strauss vivos, supervisando su interesante lectura , a ver si duraba dos segundos en el cargo. Pero como ambos han muerto y lo que se lleva ahora es la incoherencia, además consentida por propios y extraños, pues Arlaud se va de Oviedo creyendo que ha hecho un gran trabajo, y parte del público tan tranquilo a sus casas hablando de los gigantescos labios del final de la obra. Por desgracia, esta es buena parte de la realidad que hoy abunda, y no sólo en Asturias. Katharine Goeldner dibujó un Compositor joven, sensible y coherente, con una preciosa línea de canto, interpretada con sumo gusto. Fue la más aplaudida por el público junto a Gillian Keith, en una velada acogida con bastante frialdad, en parte por el estilo de Strauss, pero también porque el nivel no consiguió levantar a la gente de sus butacas. Keith fue una gran Zerbinetta en un papel dificilísimo. En escena estuvo perfecta, por su jovialidad, acusada comicidad y dotes interpretativas. Incluso ayudó su muy apropiado físico. En lo lírico logró colmar las expectativas del personaje, llegó al difícil RE sobreagudo y a su MI floreado desenvuelta y con holgura, y aún así, todavía el personaje dio la sensación de necesitar algo más de exquisitez expresiva. Vesselin Stoykov no logró hacer creíble su interpretación del Profesor de música, necesitado de más peso lírico y escénico. El dúo de protagonistas formado por Richard Margison y Emily Magee no estuvo a la altura lírica de sus papeles, siendo como son, dos notables intérpretes. No consiguieron llenar la complejidad vocal de sus personajes, ni transmitir su profunda carga emocional al público. Marc Canturri estuvo muy acertado en el papel de Harlekin, en escena y cantando, gracias a una bonita voz de barítono de notable volumen, que supo adecuar muy bien al personaje. Tanto él como sus compañeros de escena, Juan Noval-Moro, Marc Pujol y Juan Antonio Sanabria fueron uno de los grandes alicientes de la producción, por su adecuación lírica y frescura interpretativa. También lo hizo bien José Manuel Díaz como un Lacayo. Algo más irregular resultó el trabajo de Susana Cordón, Mireia Pintó y Olatz Saitua, que construyeron unas ninfas demasiado nerviosas y bruscas, cuando la línea de su canto debería haber sonado más uniforme, empastada y delicada. Desde luego, no ayudó el maratón escénico al que se vieron sometidas. Francisco Vas fue un Maestro de danza soberbio, en escena y cantando, y Marcos García, un Peluquero sobrado de calidad. Fujioka parece haberse especializado en las orquestas de cámara. Tras su trabajo en The turn of the screw , volvió a ofrecer su buena cara interpretativa, aunque algo menos conseguida. Más bien habría que hablar de corrección, tanto en su caso como en el de la Oviedo Filarmonía. Resultó agradable ver entre sus miembros a Gabriel Ureña, una de nuestras más firmes promesas del violonchelo. La versión dejó ver la intención de director y orquesta, pero no fue suficiente para dar vida a la complejidad del recitativo de la obra, ni a la atmósfera wagneriana del segundo acto. También se podría haber mejorado un poco su factura instrumental.

13/9/09

Arlaud y Nucci

13/9/09 0

(artículo publicado en La Nueva España el 12 de septiembre de 2009)


Arlaud y Nucci

Por Carlos Glez. Abeledo


Casi recién llegado de La Coruña, donde tuve la oportunidad de asistir junto a otros aficionados asturianos a un soberbio recital de Leo Nucci y a una notable representación de I Puritani, me encuentro con unas declaraciones en este mismo medio -sábado, 5 de septiembre, pág. 7- de Philippe Arlaud, responsable de la dirección escénica de la ópera Ariadne auf Naxos con la que se inaugura la temporada ovetense. Entre otras lindezas dice este señor: “No negocio con el cantante, si se niega a hacer algo, lo echo”. Vemos pues en qué consiste el tan mal utilizado concepto de obra de arte total, referido a la ópera, compendio de varias disciplinas artísticas, y por tanto, consecuencia de una intensa labor de equipo. El equipo, en este caso, es únicamente el Sr. Arlaud, por encima de cualquier otro integrante de la producción, incluido el director musical.

El artículo no tiene desperdicio y es una clara muestra de los derroteros por los que discurre hoy la ópera, dominada desgraciadamente por personajes como el Sr. Arlaud con el consentimiento de muchos responsables de teatros, directores artísticos y presidentes de entes organizativos, el silencio vergonzante también de muchos directores de orquesta, cantantes y músicos, y el aplauso cómplice de las personas que ejercen la crítica operística, que en su mayoría no tienen ni de lejos los conocimientos necesarios para ejercer la misma. Sinceramente creo que estas declaraciones deberían tener adecuada respuesta. No la mía, a la postre un simple aficionado como tantos otros, sino la de algún responsable o patrocinador de la temporada al que como mínimo le sorprendan los modos, de un absolutismo total, de este “artista” que ningunea al director musical, ofende a los cantantes y enmienda sin ningún rubor la plana nada menos que a Richard Strauss y Hugo von Hofmannsthal, autores de la música y el texto de Ariadne.

En contraposición es oportuno traer a colación las manifestaciones efectuadas por Leo Nucci tras su Rigoletto del pasado mes de junio en el Teatro Real, en donde se enfrentó a la responsable escénica de dicha representación, que cambiaba de época (no podía ser de otra manera) la historia escrita por Piave. Al respecto Nucci afirmaba que en la ópera "la dramaturgia está en la partitura, y cuando uno canta lo que debe hacer es leer lo que escribió el autor". Sobre la actual moda de los directores de escena que quieren ser autores a toda costa, dice: “Es un abuso y una arrogancia apropiarse de la inteligencia de los otros (los autores), y eso es lo que hacen los directores de escena”. Acerca de su desencuentro con la directora, que no quería que saliese con joroba y cojeando, tiene "clarísimo" que la dirección que necesita su papel la pautó milimétricamente Verdi hace 158 años. Por eso él se empeña en cantar con joroba: "Rigoletto es un hombre horriblemente deforme y, si eso no se comprende, ni la historia, ni la música, que cada vez que él entra marca sus desacompasados pasos, tiene sentido". Nucci concluye: “Los directores de ópera son unos arrogantes y unos abusones". Es obligado precisar que la función en la que intervino Leo Nucci fue un éxito arrollador, con el primer “bis” de la historia reciente del Real (la ya famosa “vendetta”), mientras que el resto de funciones, que fueron unas cuantas, pasaron sin pena ni gloria.


 
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